Un título castellano nacido en el Quito colonial que, tras atravesar varias familias, mantiene hoy una línea sucesoria de carácter histórico y honorífico
El Condado de Selva Florida de Quito hunde sus raíces en la sociedad colonial quiteña de finales del siglo XVII. Se trata de un título de Castilla creado mediante Real Despacho del rey Carlos II en 1699, después de que su concesión hubiera sido solicitada desde 1692 por don Manuel Ponce de León Castillejo y Escobar, alcalde ordinario de la ciudad de Quito. La merced fue concedida previo desembolso de 22.000 pesos, una cantidad considerable para la época.
Concebido como uno de los títulos nobiliarios vinculados a la élite quiteña del siglo XVII, el condado quedó inicialmente en manos de la familia Ponce de León y Castillejo. A Manuel Ponce de León le sucedió su hijo, Diego Ponce de León y Peñalosa, como II Conde, y posteriormente su tío, Juan Ponce de León y Castillejo, que se convirtió en III Conde.
La muerte de este último sin descendencia masculina provocó un cambio decisivo en la transmisión familiar. El título pasó a su hija, Micaela Ponce de León y Pérez de Villarroel, IV Condesa de Selva Florida y última representante del apellido Ponce de León en la titularidad. Micaela falleció en Quito en 1776.
El paso a la familia Guerrero
Micaela Ponce de León contrajo matrimonio con José Pérez Guerrero y Peñalosa, circunstancia que llevó el título hacia la familia Guerrero. Su hijo, Ignacio Guerrero y Ponce de León, se convirtió en V Conde de Selva Florida y contrajo matrimonio con María Josefa Matheu y Aranda, hija de los Marqueses de Maenza.
A Ignacio le sucedió su hijo Juan José Guerrero y Matheu, VI Conde de Selva Florida y último titular efectivo de la línea histórica antes de que el título quedara reducido a una condición meramente honorífica.
Juan José Guerrero y Matheu destacó asimismo en la vida política quiteña. Fue XII Conde de Puñonrostro, corregidor de Otavalo y presidente de la Primera Junta Autónoma de Quito en 1809, uno de los episodios fundamentales del proceso que desembocaría en la independencia de Ecuador. Falleció en 1836 sin sucesión masculina.
De la nobleza colonial a la memoria familiar
Con la desaparición de la estructura colonial y el proceso de independencia ecuatoriana, el título de Selva Florida de Quito dejó de figurar como título nobiliario oficialmente reconocido. Desde entonces aparece históricamente como caducado, una circunstancia que debe diferenciarse de la existencia de otros expedientes peninsulares de idéntica denominación.
La línea de sangre, sin embargo, continuó a través de la descendencia femenina. El derecho genealógico de la familia pasó a Joaquina Guerrero y Dávalos, única hija de Juan José Guerrero y Matheu, y posteriormente a Dolores Caamaño y Guerrero, esposa de Emilio Gangotena y Posse, convirtiéndose esta rama en uno de los troncos de la descendencia Gangotena-Caamaño.
Posteriormente, la línea familiar pasó a los Maldonado, con Alberto Maldonado y Caamaño, y posteriormente a la familia Palacios, a través de su nieto Pedro Palacios. En esta familia se mantendría durante varias generaciones hasta alcanzar a Luis Aníbal Endara Palacios, relacionado asimismo con otros títulos y señoríos de origen quiteño.
Luis Aníbal Endara Palacios era hijo de Bárbara Hermelinda Palacios Secaira y Segundo Endara Andrade (1875-1947). A partir de esta rama, la sucesión familiar continuaría dentro de la familia Endara.
La línea Endara
La línea contemporánea queda vinculada a Héctor Amador Endara Carrera (1931-2003), seguido por Héctor Xavier Endara Michilena (nacido en 1970) y, posteriormente, por Brayan Endara Calvache (nacido en 2001), quien actualmente correspondería la denominación de XVIII Conde de Selva Florida dentro de esta tradición familiar.
Esta sucesión contemporánea se entiende en un contexto diferente al de la nobleza titulada del Antiguo Régimen. Tras la independencia de Ecuador, el título dejó de contar con reconocimiento oficial como dignidad nobiliaria, y la línea familiar no ha promovido hasta la fecha una rehabilitación formal ante las instituciones españolas.
La continuidad se ha mantenido fundamentalmente mediante documentación familiar privada y tradición genealógica, conservándose el uso honorífico de la denominación dentro de la familia y de determinados círculos sociales e históricos.
Un título que no debe confundirse con el Selva Florida peninsular
Uno de los aspectos fundamentales para comprender la historia del Condado de Selva Florida de Quito es distinguirlo de otro título de idéntica denominación existente en España.
El título peninsular fue creado posteriormente, en 1777, por el rey Carlos III, a favor de don Rafael Almerá Martorell y Caremani. Se trata de una concesión distinta, con un origen, una línea sucesoria y una trayectoria jurídica completamente diferentes. Es este título el que aparece recogido en el elenco de la Diputación de la Grandeza de España.
Por este motivo, en estudios genealógicos e históricos se utiliza habitualmente la denominación «Condado de Selva Florida de Quito» para diferenciar el título quiteño de su homónimo peninsular.
La conservación de un patrimonio histórico
En la actualidad, la tradición vinculada al condado se articula también mediante la Asociación Condado de Selva Florida de Quito, cuyo ámbito de actuación se centra en la investigación historiográfica, la genealogía y la conservación del patrimonio histórico relacionado con el condado y su trayectoria familiar.
Más allá de su actual situación jurídica, la historia del Condado de Selva Florida de Quito constituye un reflejo de la evolución de las élites coloniales de Quito y de la transformación de las estructuras nobiliarias durante el tránsito del mundo colonial a la independencia.
Desde su concesión por Carlos II a finales del siglo XVII hasta su continuidad familiar a través de los Ponce de León, Guerrero, Caamaño, Gangotena, Maldonado, Palacios y Endara, la historia del condado representa, en definitiva, más de tres siglos de memoria genealógica vinculada a la historia de Quito y de Ecuador.






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